Tenía pensado varios temas para escribir en el blog..., pero mi hija ha venido con una "nota" del cole...no, no ha sido por mala estudiante (saca unas calificaciones excelentes), es que le da mucho al "pico"; vamos, que enreda en clase y, claro, la profesora de turno "nos ha dado un toque"; nada grave, sólo que la niña es extrovertida y habla por los codos.
La cosa ha sido cuando su padre y yo le hemos"echado la charla" para que mejore su comportamiento...
- Es que esta profesora no tiene paciencia con nosotros - decía la interpelada -.
Con un dominio de sí misma que ya quisiera Zidane con el balón, nos ha soltado una diatriba adolescente de pasmarse.
-Para ser profesor - añadía - hay que saber aguantar, ganarse a los alumnos, ser simpático, etcétera, y, si no, hay mal rollito y ¿qué pasa?..., pues que se busca que lo terminen odiando.
O sea, que eres Fofó, o con los alumnos de la ESO ya te pueden ir dando.
Al hacerle ver que eso no puede ser así, que cada persona tiene su forma de ser y de expresarse, y que es normal que acabe hasta el moño de treinta teenager interrumpiendo el desarrollo normal de la clase, nos contesta que de eso nada, que tiene que amoldarse porque es una inepta en cuanto a saber tratar chicos...¡¡toma ya.!! Así que, si la profe no se comporta como mi niña quiere que se comporte, es diana de odio y mal rollo.
Y no ha habido forma...; la culpa nunca es suya, ha empezado a criticar a esta profe y ha terminado con lo injusta que es la vida con lo buenos que tendrían que ser los seres humanos porque - según ella - todos somos unos impresentables y no la entendemos.
Y es que se me había olvidado como nos miramos al ombligo a los 13 años...¿Sólo a los 13 años?. ¿Pensáis en las veces que queremos que la gente se comporte como nosotros queremos o si no se rompe la baraja?, ¿o cuántas veces cuando no nos dan la razón nos agarramos un enfado que en ocasiones llegamos a cortar la comunicación con el que discrepa con nosotros?
Llevamos mal que seamos diferentes y que cada uno sea de su padre y de su madre..."si es que no me entienden" - decimos -, ...pero ¿entendemos nosotros a los demás?
De ahí a ver fantasmas en todos lados y a pensar mal de todo el mundo va un paso..., y de ahí a ser adultos amargados, acomplejados y obsesionados con que el mundo se mal confabula con nosotros, un palmo; ¡pobrecitos!, ¡con lo buenos que somos!
Nos ha costado casi una tarde entera hacer entender a mi hija que tenemos que respetarnos, que la profe es un ser humano con sus virtudes, defectos y debilidades que merece respeto y comprensión...y empatía, mucha empatía, porque, al final, de lo que se trata es de convivir.
Comentarios
Luz, gracias por compartir tus experiencias con nosotros, nos son de mucha utilidad.
Cariños.
“Una de las causas más comunes que dan origen a la rigidez en las posiciones, o sea a la dificultad en “aflojar” la postura que cada parte generalmente manifiesta ante un conflicto, con carácter de irreductible, es la identificación que las personas tienen, a veces, con sus propios puntos de vista acerca de algún tema. Dice David Bhm (“sobre el diálogo”, Efit. Cairos, Barcelona, 1997):
“Cuando las personas discuten y parece que se les va “la vida” en esa discusión generalmente ocurre que están identificados con esas opiniones, sienten que ellos SON eso que piensan y sí dejan de pensar así DEJAN DE SER”.
Ponen en juego VALORES que están implicados en dichos pensamientos, y los valores forman parte siempre de las identificaciones. Aquello con lo que nos identificamos es aquello a lo que le damos mucho valor. Ocurre entonces que, el hecho de que el otro piense diferente, sea vivido como un ataque a la identidad, ante los propios valores, ante el cual se reacciona como si se tratara de poder seguir viviendo, activándose el instinto de conservación con el cerebro rectilíneo, del cual una de las reacciones primitivas es el ataque.
Este tipo de intercambio de opiniones que llamamos discusión en el cual se produce un ping-pong en que uno trata de ganarle al otro, a veces es una lucha sin cuartel por la supervivencia (aunque la mayoría de las veces nadie tiene conciencia de este proceso).
Al cree que se pone en peligro la identidad, es la propia persona a la que puede llegar a sentir que si no tiene razón deja de tener valor, ante lo cual la reacción puede llegar a ser una lucha sin cuartelen la que la defensa de la propia percepción, o mapa, implique una defensa de la propia identidad.” *
*RAMOS MEJÍA, Cecilia, “Un mirar, in decir, un sentir en la mediación educativa”, Librería Historica, Buenos Aires, 2003 p. 68 y 69