Hace un par de semanas estuve en un acto institucional muy bonito que presentaba la entidad donde trabajo. Allí prestaron testimonio de sus vidas algunas personas; entre ellas un chaval de 20 años que con mucha seguridad parecía que venía ya de vuelta de todo.
Siempre me han sorprendido algunos veinteañeros que hacen gala de una "experiencia" y un "a mi que me vas a contar, si yo ya lo sé todo sobre todo"; dejando claro con esa actitud, que no hay nada ni nadie que les haga sombra.
Y me quedo sorprendida porque yo a mis añitos siento que me queda mucho por aprender...y creo que me moriré aprendiendo.
El lunes por la noche se marchó de esta vida una persona muy querida para mi: mi prima hermana Mª Luz. En la familia hay tradición de nombre.
El recuerdo que tengo de ella cuando era pequeña es el de una niña débil, muy enmadrada, que lloraba por casi todo y que nos hizo, con el enfado pertinente, a sus hermanos, a otros primos y a mi, salirnos de un cine porque la peli (recuerdo que iba de dinosaurios) le daba un miedo espantoso.
Esta niña "aparentemente" tan debilucha de carácter nos ha dado a todos sopas con onda. Desde hace más de cinco años convivía con el cáncer. Sí, algún lector pensará que es la misma historia emotiva de siempre..., pues no, no se trata de emotividad, si no de vida. En el año 2003 su caso no tenía solución, pero no tenía solución a meses vista. ELLA decidió luchar, y - como ayer bien me decía su marido - han sido cuatro años inolvidables, bien vividos, exprimidos al máximo.
Se dice pronto eso de luchar; perteneciendo al cuerpo de sanidad y estando al corriente de lo que ocurría con su enfermedad, tuvo actos inexplicables...,hizo lo posible dentro de lo imposible, ni los médicos se creían que con los valores que daban en su analítica podía seguir viva. Pero no tiró la toalla. Fue capaz con una entereza de erizarse el vello de despedirse de su hijos y de encajar un final... que no era final , como decía: "aquí voy palante, poquito a poco"..., porque por ELLA no iba quedar.
En los comentarios de los pasillos del tanatorio sólo se oía ayer :"no he conocido jamás a nadie con esa fortaleza". Alguno de sus hermano me indicaba que yo lo medio llevaba en la sangre, por aquello del parentesco (qué más quisiera yo...no me queda "ná" que aprender). Y aunque suene tópico decirlo, en este caso la vida ha ganado la partida a la muerte...
Ricardo, Manolillo... ¡qué pedazo de madre tenéis!..., porque la tenéis, está dentro de papá, sí, que me lo ha dicho. Es más..., ¡yo también la siento! ¿Qué no?...mamá hace lo posible dentro de lo imposible.
Tenía cuarenta y cuatro años y dos niños de diez y nueve.
In memoriam.
Comentarios
Que te puedo comentar. Sus familiares han de estar muy agradecidos por el aprendizaje que logró obtener antes de dejar este mundo y, el aprendizaje que ha dejado en todos sus seres cercanos y no tan cercanos como yo, ya que tu escrito ha colado en mí gracias a ella. Esas palabras me han hecho recordar un caso que está relacionado conmigo.
Me permito las siguientes líneas para compartir una historia increíble, llena de belleza pura y que nos deja gran crecimiento personal y espiritual. Nos demuestra cómo podemos vivir y aprovechar mejor la vida.
Estando pequeña, mi padre engañó a mi madre con otra mujer, que luego fue su esposa -por supuesto antes se divorció de mi madre y nunca de nosotras, sus niñas. Mi madre sufrió mucho y su cuerpo generó mucho odio hacia aquella persona. En pleno proceso de divorcio, mi madre, tenía en su vientre a la tercera niña –quien a su vez vivió desde dentro el sufrimiento de la situación. Cuando mi madre estaba lista en la clínica para dar a luz, recibió una terrible llamada que le deseaba la muerte tanto a ella como a su niña. Esas palabras calaron su alma y, en parte, fueron las que generaron tal odio.
Pasó el tiempo y fuimos compartiendo con mi padre y su Sra. Al principio había un trato muy displicente de ella para con nosotras, habían gestos, palabras, acciones muy negativas. Ninguna de mis hermanas se sentían cómodas en ese lugar, yo, simplemente, no le prestaba atención. Un día me entero que tendré un hermano por parte de mi padre y su nueva pareja. El niño se fue desarrollando en el vientre de su madre y un día los médicos le indicaron que el niño nacería con problemas y que lo mas seguro era que su organismo expulsará al bebé, que él no nacería. Sin embargo- después de distintas consultas médicas, el niño nació y en perfectas condiciones, pero el susto que los padres se llevaron fue muy grande, nunca pensaron vivir algo así.
El tiempo pasó y ese niño fue muy querido por todas sus hermanas, incluso por mi madre, quien en sus inicios no quería ni verlo. Mi madre logró comprender que el niño era una criatura inocente y pura y además hermosa, que nada tenía que ver con su odio.
El tiempo pasó y logramos compartir muchas cosas y poco a poco fui acercándome a la mujer de mi padre.
En diciembre de 1998, nos enteramos que la mujer de mi padre padecía cáncer en el estómago. La actitud de ella frente a tal situación fue totalmente admirable: Una vez que el médico le comento los resultados positivos, ella respiro profundo y le dijo, “Ok, qué hay que hacer para evitar su evolución, plantéenos opciones y tomemos, ya, una decisión.” Así fue y en esa misma consulta médica se decidió la fecha de la operación para la extracción de gran parte del órgano. Mi padre sin palabras se derrumbo a llorar, tenía miedo, miedo de perderla… ella, por el contrario, sonrío y se fue de compras navideñas. Se le realizó la operación con éxito y tuvo que padecer todo el posterior proceso -y consecuencias- de la quimioterapia.
Logró salir adelante, no aparecieron restos de cáncer en zona alguna de su cuerpo. A partir de aquel día, de la noticia de su enfermedad, encabezo un proceso de cambio en su vida. Inició un recuento o análisis de su vida, de las cosas positivas y negativas que había hecho y evaluó la posibilidad de subsanar algunas cosas mal hechas. Emprendió un recorrido espiritual, se acercamiento con sus seres queridos y, particularmente, con sus hijos –mi hermano, hermanas y yo. Sin mayor comprensión este crecimiento lo fue viviendo en compañía de los suyos y de los no tan suyos. Un día, por la edad, decidieron hacerle la extracción de su órgano reproductivo y en la biopsia apareció nuevamente el cáncer. Le hicieron exámenes y no aparecía célula cancerígena alguna en su cuerpo, parecía haber estado sólo en los órganos extraídos en esa operación.
Uffff pasamos esta, ya era la segunda, que susto, eh…? Ella continuaba su proceso evolutivo, era increíble, había limado aspereza con las hijas de su marido –nosotras- y se había convertido en una gran amiga personal, compartíamos un montón, tanto, que incluso mi madre tenía celos de ella.
Ella, mi “maladrastra” -así le gustaba que le dijera- recién se había jubilado de una compañía en la que había trabajo casi 30 años seguido, decide comenzar a trabajar con mi padre en su compañía, pero ¡cielos!, se me había olvidado comentarles algo muy extraño de la vida, mi madre hacía 5 años que había tenido que salir de la compañía donde siempre había trabajado y, como no conseguía trabajo mi padre la había empleado en su compañía, haciéndola su mano derecha –en realidad era quien manejaba la empresa, llevaba la administración y demás- Resulta que se creo una gran polémica en casa, mi hermana mayor echaba humo de la rabia, porque según ella, “cómo se le podría ocurrir a mi padre meter a su Sra. a trabajar allí a sabiendas de que mi madre está y se sentiría incómoda, que descaro y falta de respeto de él para con mi madre” y, efectivamente, mi madre sentía mal por todo lo que había ocurrido, por lo acontecido cuando yo era pequeña.
La esposa de mi padre inicio labores con él y mi madre sentía el ambiente un tanto incómodo, pero poco a poco comenzaron a surgir cosas. Mi maladrastra trataba con mucho afecto y admiración a mi madre, la defendía de las faltas de respeto y mala educación de mi padre, no permitía que nadie la maltratara ni se metiera con ella. De esa manera mi Madre comenzó a sentir masyor tranquilidad y, a la vez, una extraña confusión sus sentimientos eran, totalmente, contradictorios con sus pensamientos. Se hicieron buenas compañeras de trabajo y hasta compartían en reuniones familiares. De esta manera mi maladrastra continuaba su evolución personal, era increíble, no sé sí a conciencia, pero lo lograba.
Al cabo de un año –en noviembre de 2002- sintió un fuerte dolor en los huesos de la zona del pecho –clavícula y demás- creíamos que se relacionaba con una caída que había tenido en las escaleras de la casa –al menos eso nos creímos todos menos ella. Por ello, repentinamente, decidió internarse en una clínica privada para que le hicieran todos sus exámenes médicos. Se internó y le comentó a los doctores “hasta que no me quiten este dolor no saldré de aquí”. Al pasar de dos días me informaron que tenía cáncer en los huesos, ya era metástasis, así que no habría nada que hacer, sólo esperar. En ese momento conducía un coche y sentí un escalofrío en el cuerpo, sólo podía pensar en mi hermano, en mi pequeño hermano menor, qué sería de él sin su madre. Sentí un profundo vacío e inicie a llorar…
Al llegar a la clínica la notaba un tanto impaciente y muy adolorida, quería que le cerrarán la puerta y mandará a desalojar la habitación, los familiares no la dejaban descansar. Observé que le suministraban grandes dosis de morfina –como para dormir o calmar a una bestia. Ella cerró los ojos diciéndome que necesitaba dormir, que estuviera pendiente de mi hermano. Esa tarde me regrese a casa y a la noche me llamaron para comunicarme que le había dado un ACV (Accidente Cerebro Vascular) y estaba inconciente. Así estuvo una semana, la semana en la que los dolores se intensificarían –y que gracias a dios nos los vivió a conciencia- fueron los días más terribles de mi vida y los más confusos de mi hermano. Mi madre estuvo yendo cada día a la clínica y el día que dejó de respirar y su corazón se paralizo, mi hermano lloraba desconsolado en brazos de mi madre.
Quién podía pensar que mi madre le sería de gran apoyo al hijo de la Sra, quién creería que ella mi madre lograrían ser amigas…
Es una historia donde fuimos muchos los que crecimos. Aprendimos a valorar mejor la vida y a comprender lo frágil que es. Alcanzamos el significado del perdón, porque logramos perdonar y abrir los brazos para ofrecer amor. Mi padre aprendió a vivir sin ella y a afrontar la responsabilidad de criar a mi hermano, fueron tantas las cosas positivas que nos dejó, que podría no parar de escribir.
Sean felices, vivan sus vidas y dejen vivir a los demás, vean el lado bueno de las situaciones, aprendan algo cada día. Todos podemos ser fuertes y madurar…
Gracias por dejarme compartir esta maravilla de historia.
Saludos.
Estoy impresionada por estos dos testimonios de fortaleza.
Desde luego la vida es tan bonita, incluso habiendo sufrido mucho.
En muchas ocasiones, en el trabajo, en la propia familia, resulta muy dificil consolar a los que pasan por un mal momento, bien por una muerte, bien por algún acontecimiento que nos trunca nuestros planes, o incluso por experiencias fuertes que nos superan, pués decía que me cuesta mucho poder decir a esas personas lo que realmente estoy pensando porque, de verdad que dicho friamente parece una frivolidad.
Lo que pienso en ese momento es: Gracias Señor, porque sólo tu sabes lo que es bueno para tus hijos que tanto amas. Gracias Señor porque todo este dolor, seguro que sirve para algo, confío en que sólo tú Padre, sabrás transformar esto y alguien te conocerá como el Padre Bueno que eres.