EL FARO


¡No será porque no he vivido acontecimientos estos días!, pero me pongo a escribir y no me viene la inspiración. Acumulo información escrita, leída, oída e interpretada por todas partes como un tsunami de datos que en poco tiempo cuesta digerir. Y la verdad, mi cabeza que no es un ordenador, tarda en procesar... Es que el "disco duro" es antiguo y va lento. Algún amigo por ahí - que lee estos artículos -, me ha recomendado un medicamento para "mi senectud" que, por cierto, he seguido al pie de la letra (en el prospecto dice algo así como dar abrazos).

Bueno, lo lógico en este día es que se espere que se hable de la Navidad; pero es que ¡me da una pereza!. Será porque todos los años se dicen las mismas cosas, se desean las mismas cosas y resulta algo cansino. Y es que este año en casa nuestro "sentimiento navideño" está siendo diferente. ¿Nos tienen que recordar todos los años que tenemos que estar alegres, abrir el corazón, darnos a los demás, sentir que tenemos hermanos?; ¿no es más bien una filosofía de vida?; vamos, ¿no hay que vivir así?.

De toda la información recibida, selecciono el trozo de un texto que leí hace una semana y que me parece interesante en lo que puede afectar, según dice mi marido y con sorna,"a estos días tan señalados". Dice el texto en cuestión:"Hace algo más de dos mil años, allá por tierras de Judea, no hubo nada de particular. Ni el Sumo Sacerdote recibió ninguna noticia fuera de lo común, ni el procurador romano advirtió nada preocupante, ni las gente de Belén y Jerusalem sintieron nada especial. Pero pasó algo: algo pequeño e insignificante de lo que sólo "cuatro gatos" se enteraron"...

En teoría, la vida siguió igual (como la letra de la canción de Julio Iglesias). ¿Y qué pasó? - se preguntarán algunos -; pues que nació en el mundo una semillita, que creció, dio que hablar, se empezó a notar y preocupó a los jefes de Israel hasta el punto que tuvieron que matarla. Pareció que así todo había acabado, pero no... la semillita crucificada, muerta y bien enterrada siguió viva. Y ya véis desde entonces celebramos su cumpleaños.

A mi me gusta mucho el mar. Diría que casi lo llevo en la sangre. Hace algunos años compré un gran libro con fotografías de barcos, olas...y faros. Me apasionan los faros: avisan del peligro de que la costa está cerca, mantienen a los barcos a distancias de las rocas para que no encallen, dan luz en la noche; "están ahí", son una señal. Dentro del faro siempre el farero vigilando, cuidando de que la lente está siempre limpia, que no se apague la mecha, que no se funda el foco...

Debajo de una de esa impresionantes fotos se lee: "¡quién dice que vive en un faro y no tiene miedo, miente!". La soledad, el batir del mar y el viento rugiendo tiene que ser sobrecogedor pero son necesarios para la vida de los demás. El farero tiene que estar los trescientos sesenta y cinco días del año allí. Esa luz no se puede apagar. Ha descubierto que lo que hace con su vida es guía para muchas más vidas

Se me ocurre que nosotros podemos ser faros con nuestra vida...aunque asuste...o quedarnos como el cd de aquel cantante español funcionando cual disco rayado..No, no la vida no sigue igual, aunque machaconamente lo tengamos que recordar año tras año.

Para muestra un botón: este año descubrí que el cariño es lo que realmente cura...no hay medicamentos que valgan. Una palabra en tono amable, una mano extendida, unos ojos alegres, un AMAR - con mayúsculas - , dieron vida a personas que andaban enfermas, solas, desvalidas... ¿No os viene a la mente la figura de un hombre vestido con túnica y sandalias, que andaba por aquellos caminos de Judea y era faro para los que le veían? Estoy segura que sigue empeñado en que lo sigamos descubriendo y de ahí el recordatorio anual.

Al final, como véis, acabé hablando de la Navidad... y es que es inevitable.

Termino con la despedida que recibo en un mail de un ser entrañable. Dice:"Cómo este correo os lo envío viendo muy cerca la luces de Navidad, repetiros aquello de felices fiestas. No es un tópico, es que deseo de verdad que seáis felices"..., pues eso.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¡Qué dificil y, a la vez, qué importante es ser faro!, y más en los tiempos que corren (¿es que son distintos a los pasados o a los que vendrán?), en los que todos tenemos que hablar, vestir, pensar y vivir igual..., parece que sienta mal que seamos diferentes, que nos desarrollemos siguiendo la línea(recta o curva, que más da) con la que fuimos plantados; pero siempre hacia arriba.
Ser faros es nuestra obligación, nuestro destino. No hay faros mejores que otros, sino con luz diferente, con intervalos de destellos diferentes: la luz roja es de entrada a puerto, la verde de obstáculo, la blanca de costa; e intervalos los hay de 1 a 4 en un mismo radio de horizonte. Con ellos, las cartas de navegación indican a los navegantes el "desfiladero" por el que atraviesan..., que otros tuvieron que atravesar antes para escribir aquellas cartas, quizás sin más brújula que el camino que las estrellas dibujan en el firmamento.
Hay una condición esencial para ser faro: la perseverancia. ¿Se imaginan un faro ambulante?, ¡pobres navegantes!, ¡qué caos marítimo!
Pues, junto a la felicidad que les desea la autora de este blog, para el próximo año 2008 me/les deseo perseverancia en el camino emprendido, paz para recorrerlo y mucha alegria para afrontar las dificultades que seguro tendremos.