Con el tiempo he descubierto una faceta bastante generalizada en casi todos nosotros, que es la desconfianza hacia los demás. Ya lo dice el refrán :"piensa mal y acertarás".
Y es que las personas nos tienen que entrar por los ojitos..., si no, existe un rechazo casi visceral .
Cuantas veces en mi trabajo he prejuzgado a personas que no conocía de nada, sólo por su forma de vestir o de expresarse, y como las he tratado según "me cayeran" bien o mal. Imaginaros como podría sentirse aquel que era punto de mira de mis iras. Claro, que una tiene que pasar "por la mismas puertas" para entenderlo.
Esta semana nos ha tocado ir al médico (nada grave: mi esposo, que "ya no tiene edad para jugar al fútbol", se hizo un esguince jugando al ídem). Tras pasar por urgencias, vendarle el correspondiente pie (que lo tenía como una bota) y recomendarle reposo, fuimos al médico de cabecera, tal y como nos indicaron. El que nos toca por zona estaba de vacaciones, así que nos asignaron provisionalmente a una "simpática " doctora.
Como podréis figuraros, mi querido "pariente" iba cojo, con un vendaje hasta la rodilla y apoyándose sobre mi hombro para ayudarse a caminar. Bien, pues esta buena mujer, o no debía tener un bonito día, o no le debimos gustar mucho, o tal vez le olíamos mal. La cosa es que nos dio a entender que mi marido lo que tenía era cuento, que nos fuéramos con viento marino por donde habíamos venido y que, por supuesto, a mi (¡yo, su queridísima mujer!) no me hacía un justificante para el trabajo, porque el lesionado podía andar perfectamente y, como consecuencia, acudir solito al centro médico...¡perplejos salimos!
El desprecio hacia los demás puede revestir muchas formas: habladas y no habladas, se dice más con el lenguaje no verbal que con el verbal. Desde un pequeño desdén, la retirada de un saludo o gestos de incomodidad, hasta una cara de asco que no se la salta una liebre.Todavía resuena en mi memoria hace unos años, en el Camino de Santiago, como en el mismo grupo en que yo iba se demostraron actitudes por parte de sus miembros dignas de escribir una novela...negra.
El desprecio hacia los demás puede revestir muchas formas: habladas y no habladas, se dice más con el lenguaje no verbal que con el verbal. Desde un pequeño desdén, la retirada de un saludo o gestos de incomodidad, hasta una cara de asco que no se la salta una liebre.Todavía resuena en mi memoria hace unos años, en el Camino de Santiago, como en el mismo grupo en que yo iba se demostraron actitudes por parte de sus miembros dignas de escribir una novela...negra.
¿Nos vemos a nosotros mismos?, ¿alguien puede tirar la primera piedra de considerarse perfecto?, pues si no es así ,¿por qué lo hacemos con los otros? Pensar mal del prójimo es descalificarlo, sentirse superior al criticado, es un acto falto de caridad.
Quiero pensar que estos tratos ignominiosos los hacemos por complejos de inferioridad (disfrazados de timidez), por envidia, o porque nos asusta la diferencia; pero cuidadín, porque el miedo crea monstruos, con lo que pensar mal del otro y tratarle de una forma inadecuada puede causar mucho daño.
Y vuelvo quizás a un tema ya repetido en este blog, pero que me parece esencial si queremos mejorar este nuestro mundo. Lo importante que es aceptar mentalmente a los demás como son. Total, todos tenemos defectillos; no sabemos si detrás de un desaire hay un problema familiar, o si detrás de un mal tono subyace una grave preocupación...ya sé que es difícil "no echar cuenta" como dicen por el sur de España, pero hay que intentarlo. Y no olvidarnos de poner la sonrisa, esa sonrisa que todos nos merecemos y que nos hace la existencia más gratificante.
Y si por si algún lector piensa mal sobre este escrito, me despido con una cita de Lewis Carroll: "Si te limitas en la vida a hacer cosas que nadie pueda criticar, ¡no harás mucho!"

Comentarios
Y añadiría “..., no vivirías”.
Es cierto, muchísima gente intenta vivir por y para los demás, siempre pensando en el: qué pensarán de mí, de lo que hago, gustare o no, será una tontería, lograre reconocimiento. Ya es suficiente señores, hay que reaccionar y recordar que la vida es tan corta como suspiro, por ello hay que disfrutarla y vivirla para uno. Sé feliz y disfruta, haz lo que desees hacer, recuerda, tu libertad llega hasta donde inicia la de los demás, tienes mucho que aprovechar…