EL FINAL DE CURSO


¡Ya huele a verano!, aunque la meteorología de momento no acompañe mucho, pero sí, ya está el verano a la vuelta de la esquina.

Académicamente llega el final de curso. Los estudiantes apuran los últimos días para aprobar las materias que durante el año han tenido que superar. Unos pasarán de curso con todas las calificaciones aptas; otros tendrán que volver a examinarse en septiembre y algunos deberán repetir el curso.

Que un examinador te haga preguntas sobre tal o cual asignatura nos pone tensos, nerviosos; debemos dar la talla de sabernos unos conceptos que se nos exigen. Esto hace que uno ponga toda la carne en el asador y, a estas alturas de curso, llegue al hastío. Recuerdo aquellos junios calurosos de horas de estudio, cafés y máxima concentración...

Rodeándome tengo tres estudiantes que saben de lo que hablo: mi sobrino que, a sus veinticuatro años, ya es ingeniero informático y además ha conseguido superar con éxito el primer curso de ingeniería industrial superior; mi sobrina que se enfrentaba estos días atrás a las pruebas de selectividad intentando "tener nota" para estudiar lo que desea; y mi hija, en la ESO aún, pero no menos estresada con los libros.

Es curiosa también la costumbre que hemos adoptado cuando se aproxima esta estación de cerrar etapa y hacer balances. Será porque la época estival invita a la reflexión por aquello de que descansamos o cambiamos de tarea.

Pues bien, si alguien ajeno a uno, como es el profesor, dirime si uno tiene conocimientos suficientes o no para alcanzar un nivel en una determinada materia, examinarse a uno mismo debe ser aún más complicado. Aquí "la nota" te la pones tú. Podemos caer en ser muy condescendientes con nosotros mismos o demasiado severos (so pena que hagamos trampas y nos engañemos a nosotros mismos). Guardar un equilibrio es lo difícil, pero, a la vez, es lo conveniente para saber "si hemos aprobado el curso".

Y eso es lo que hacemos cuando nos sentamos con nosotros mismos, sacamos papel y lápiz y, en una de estas tardes - noches del estío, repasamos lo que hemos hecho durante los nueve meses anteriores; curiosamente el tiempo que dura un embarazo.

Hay que ser sincero con uno mismo y ser capaz de reconocer fallos y aciertos. ¿Qué hice, qué dejé de hacer?. ¿Dónde metí la pata?. ¿Dónde acerté con mi comportamiento?. ¿A cuántas personas hice daño?. ¿A cuántas alivié?. ¿Cuánto daño me he hecho a mi misma?. ¿Cuántos días deje de reír?, porque un día sin risa es un día perdido. ¿Cuántos días me venció la pereza?. ¿A dónde pude llegar y no llegué?.¿De cuánta soberbia pequé?.¿Con cuánta humildad actué?. ¿Cuánto me he superado a mi misma y cuánto me falta por superar?...

Calificarse con las entrañas en la mano, siendo justa, es un ejercicio mental de instrospección duro. No consiste en autoflajelarse, pero sí en ser capaz de tener resilencia: capacidad de una persona para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores.

Cambio la última frase que Humphrey Bogart le dice a Ingrid Bergman en la película Casablanca: "siempre nos quedará París" por "siempre nos quedará septiembre", o repetiremos curso. La cosa es ir aprendiendo de la vida y mejorar curso a curso.

Con este escrito me despido hasta después de pasado el verano. Ahora tocan otras tareas, no menos interesantes que las de escribir...lo dejo "en suspenso".

Como le decía a un gran amigo esta mañana en un email: ¡Qué volvamos sanos y salvos, que hay mucho que vivir, mucho que compartir y mucho sobre lo que discutir".

¡¡¡Feliz verano!!!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Feliz y reflexivo verano!!!