
Me he propuesto esta tarde escribir el blog, voy a ver si lo consigo..., las fuerzas flaquean, ya está el verano a la vuelta de la esquina.
He titulado este escrito los apoyos porque, a estas alturas de la vida, me doy cuenta de lo importantes que son y de lo individualistas que nos estamos volviendo.
Como tengo más años que "maricastaña", recuerdo cuando, siendo niña, me operaron de anginas con un poco de anestesia local y viendo todo el panorama; ¡con cinco añitos!, imaginad la "experiencia". Seguro que más de uno que lee estos escritos sabe de lo que hablo.
Pues bien, más que la intervención quirúrgica en sí, recuerdo con cariño, el paseillo de vecinos que acudían a visitarme a casa.
Yo, herida, sin poder articular palabra, envuelta en una mantita con mis ojillos llorosos, sólo oía palabras cariñosas de la vecina del segundo A, o de otra, la del portal de enfrente que me traía un juguetillo, y que le decían a mi madre "lo que quiera, cuando quiera". La cosa es que no sólo vinieron el día "H", sino que, cada mañana y cada tarde, mi casa era un rosario de visitas que me animaban y que - yo creo -, animaban más a mi pobre madre. Estoy segura de que, gracias a tanto mimo, mi recuperación fue rápida y nunca olvidada.
Muchos de esos vecinos ya no viven. Pero es inolvidable los apoyos que se prestaban unos a otros. Hablo de una generación en que toda ayuda era poca, y trascendía del ámbito familiar.
No sé si será mi percepción, pero me parece que eso se ha perdido mucho. Resulta que en la época donde la tecnología está más avanzada, donde la comunicación es mucho más fácil, donde sin móvil no podemos vivir, no estamos ni la mitad de pendientes del otro que cuando andábamos en carreta.
Hemos caído en un individualismo atroz. No estamos para nada ni para nadie, y si estamos es "poquito". Siempre que yo quiera, vea hueco en mi apretadísima agenda y no me suponga mucho esfuerzo adicional.
Como siempre, aprovecho lo que veo u oigo para sacarle partido. No sé si habréis visto un anuncio televisivo donde el eslogan es " En la vida siempre hay un elemento esencial"; en una de sus escenas aparecen las correas sueltas de un columpio pero sin tablilla, y a un niño observando con tristeza como no puede montar. Sin asiento donde sentarse no existe el columpio. Las correas "se apoyan" en el sillín.
Todos necesitamos apoyos para vivir, apoyos humanos donde descansar, donde tener compañía, donde las penas sean menos penas, donde cuando la vulnerabilidad nos acompaña nos sintamos arropados, y así pasar los "túneles de la vida" con mayor facilidad.
El dolor duele menos cuando te dicen que duele poco, aunque algunos se empeñen en enseñarte todos los recobecos del mismo sin contar con algo tan esencial como es la caridad hacia el otro."Es que hay que ser sinceros", te dicen -caramba con la sinceridad-. Pues yo prefiero que me digan que sacarme una muela es cosa de poco, antes de que me describan con pelos y señales el trago del pinchazo, y las tenazas. Probad y veréis.
Estoy de acuerdo con aquella frase que dice "la fe mueve montañas". Yo añadiría: "la bondad también".
Resulta que ahora nuestros apoyos emocionales los encontramos vía on line; los emails y los power point son las formas de poder tener contacto y de sentir ese apoyo del que estamos tan faltos, me comentaba un amiga.
El mes que viene da a luz mi compañera y socia de trabajo. Por teléfono me decía como me iba a echar de menos porque el día del parto yo no estaré en Madrid. Le contesté que tendrá todo mi apoyo, que estaré en el móvil para lo que necesite en esos días tan especiales para una madre primeriza. Con toda gracia mi hija me preguntaba: "mami, ¿y soplarás tú también con ella?"...; pues si hay que soplar, se sopla - le contesté-. Todo lo que haga falta para hacer que un momentillo complicado esté lleno de risas y se haga más liviano.
Hay mucha soledad, estamos carentes de "mimo". ¿Tanto nos cuesta ponernos a disposición de los demás?. Decir aquello de "lo que quieras, cuando quieras"; pero de verdad, no de boquilla.
Comentarios
La mayoría de nosotros prefiere ir a lo seguro antes que correr riesgos.Sin embargo, no faltan quienes recomiendan correr un riesgo más o menos importante todos los días,y atreverse a hacer algo que nos haga sentirnos estupendamente. Y esto no podemos hacerlo sólos.
Necesitamos apoyos, necesitamos ángeles y amigos. Necesitamos pequeñas alegrías cada mes. Necesitamos una porción cotidiana de gracia. Necesitamos una vida familiar. Necesitamos trabajar.Tener todo eso es tener éxito auténtico, que no sólo está referido al trabajo.
Dice Virginia Wolf que cuando las personas alcanzan un gran éxito en su trabajo pierden los sentidos.Pierden la vista.No tienen tiempo para mirar un cuadro. Pierden el oído. No tienen tiempo para escuchar música.Pierden el habla. No tienen tiempo para conversar. Pîerden el sentido de la proporción, las relaciones entre una cosa y otras. Pierden su humanidad.
No lo olvidemos.