Mi marido lleva la cuenta del tiempo que hace que no me siento a escribir unas letras en este blog: dos meses, puf!!, y no es por abandono sino por acumulación de tareas. Desde Extremadura también me han puesto las pilas y me dicen que les gusta leer estas misivas; se agradece.
No recuerdo si en alguno de los escritos anteriores he mencionado el porqué de este blog. Sencillamente es un pequeño legado dedicado a mi hija a modo de ideas para andar por la vida.
Mi criatura, de momento, no está muy por la labor de leer ninguno de estos sencillos apuntes, algunos más acertados que otros, pero escritos todos desde el cariño. Su cabeza y su edad andan ahora por otros derroteros; pero no me cabe duda que le hincará el diente en unos añitos.
Pensaba titular este artículo el perdón y el olvido, pero se me ha ocurrido sobre la marcha este encabezamiento.
Como siempre, y para variar, están de por medio las relaciones interpersonales que nos vamos forjando por el camino. Esas que nos hacen felices o desgraciados, esas que nos hacen reflejarnos cual espejos y de las que somos dueños y señores. Tan necesarias, tan queridas y tan denostadas...Como siempre tan presentes en nuestra vida, desde niños hasta adultos, y tema de conversación, casi diario, en la mesa de mi casa.
Acabo de terminar de leer un libro que me ha dejado estupefacta: Amigos de Enrique Rojas, todo un canto a la amistad. Lo recomiendo. Se lee del "tirón". Entre sus páginas se despliega un abanico de palabras, frases y argumentos en torno a lo que el autor define como un sentimiento positivo entre dos personas que se inicia a través de una simpatía y una estimación mutua.
La sorpresa me la he llevado al final. Titula el epílogo: "aprender a perdonar en una sociedad endurecida". ¿Qué tendrá que ver la amistad con el perdón?
Transcribo un trozo de texto:"¿Puede una madre perdonar al asesino de su hijo?¿Pueden los padres de una joven violada perdonar al agresor así, por que sí?,¿Es posible el perdón tras saber que un sujeto ha buscado dar el golpe seco en la vida de otra persona dónde más le duele?,¿Se puede pasar página y olvidar tras ser difamado, ofendido, ultrajado y casi destruido?..."Quizás sean estos casos extremos, o no, porque los ofensores en muchas de esa situaciones son amigos, familiares, conocidos...Las discusiones u ofensas diarias no llegan a magitudes tan elevadas, pero aún así, hacemos de la ofensa algo injuriosísimo y personalísimo, donde el orgullo y la soberbia humana se muestran en todo su esplendor.
Generalmente cuando se nos pide perdón, solemos perdonar, pero no olvidamos facilmente"la cara del ofensor": me hizo daño, me jugó una mala pasada, me destrozó la vida... Es más fácil hablar de amor que practicarlo.
Dice el libro que "el acto de perdonar es propio de una sabiduría superior, es un acto sublime de una intensa calidad humana".
Sí, ya sé que muchos opinan que uno puede perdonar pero desde luego no mezclarse con el que causó el daño. Perdonar de verdad, entraña una maduración personal difícil de conseguir pero no imposible, pues si se hace, la paz interior es infinita y no hay problema para tratar con el ofensor, puesto que sigue diciendo el libro, merced al perdón se deshacen todos los nudos.
La medida el perdón está en Jesús de Nazaret, léase Mt. 18, 21-35 entre otros muchos. El verdadero perdón es un gran acto de amor.
Debe de experimentarse una felicidad inmensa cuando uno es capaz de decir "hola"con el corazón y con la boca a quien nos hizo daño.
¿Probamos?.
No recuerdo si en alguno de los escritos anteriores he mencionado el porqué de este blog. Sencillamente es un pequeño legado dedicado a mi hija a modo de ideas para andar por la vida.
Mi criatura, de momento, no está muy por la labor de leer ninguno de estos sencillos apuntes, algunos más acertados que otros, pero escritos todos desde el cariño. Su cabeza y su edad andan ahora por otros derroteros; pero no me cabe duda que le hincará el diente en unos añitos.
Pensaba titular este artículo el perdón y el olvido, pero se me ha ocurrido sobre la marcha este encabezamiento.
Como siempre, y para variar, están de por medio las relaciones interpersonales que nos vamos forjando por el camino. Esas que nos hacen felices o desgraciados, esas que nos hacen reflejarnos cual espejos y de las que somos dueños y señores. Tan necesarias, tan queridas y tan denostadas...Como siempre tan presentes en nuestra vida, desde niños hasta adultos, y tema de conversación, casi diario, en la mesa de mi casa.
Acabo de terminar de leer un libro que me ha dejado estupefacta: Amigos de Enrique Rojas, todo un canto a la amistad. Lo recomiendo. Se lee del "tirón". Entre sus páginas se despliega un abanico de palabras, frases y argumentos en torno a lo que el autor define como un sentimiento positivo entre dos personas que se inicia a través de una simpatía y una estimación mutua.
La sorpresa me la he llevado al final. Titula el epílogo: "aprender a perdonar en una sociedad endurecida". ¿Qué tendrá que ver la amistad con el perdón?
Transcribo un trozo de texto:"¿Puede una madre perdonar al asesino de su hijo?¿Pueden los padres de una joven violada perdonar al agresor así, por que sí?,¿Es posible el perdón tras saber que un sujeto ha buscado dar el golpe seco en la vida de otra persona dónde más le duele?,¿Se puede pasar página y olvidar tras ser difamado, ofendido, ultrajado y casi destruido?..."Quizás sean estos casos extremos, o no, porque los ofensores en muchas de esa situaciones son amigos, familiares, conocidos...Las discusiones u ofensas diarias no llegan a magitudes tan elevadas, pero aún así, hacemos de la ofensa algo injuriosísimo y personalísimo, donde el orgullo y la soberbia humana se muestran en todo su esplendor.
Generalmente cuando se nos pide perdón, solemos perdonar, pero no olvidamos facilmente"la cara del ofensor": me hizo daño, me jugó una mala pasada, me destrozó la vida... Es más fácil hablar de amor que practicarlo.
Dice el libro que "el acto de perdonar es propio de una sabiduría superior, es un acto sublime de una intensa calidad humana".
Sí, ya sé que muchos opinan que uno puede perdonar pero desde luego no mezclarse con el que causó el daño. Perdonar de verdad, entraña una maduración personal difícil de conseguir pero no imposible, pues si se hace, la paz interior es infinita y no hay problema para tratar con el ofensor, puesto que sigue diciendo el libro, merced al perdón se deshacen todos los nudos.
La medida el perdón está en Jesús de Nazaret, léase Mt. 18, 21-35 entre otros muchos. El verdadero perdón es un gran acto de amor.
Debe de experimentarse una felicidad inmensa cuando uno es capaz de decir "hola"con el corazón y con la boca a quien nos hizo daño.
¿Probamos?.
Comentarios
Si no somos capaces de arrancar de nosotros el sentimiento del odio, no seremos capaces de vivir en paz con nosotros mismo y con los otros.
Pero perdonar no es olvidar. No puedes olvidar que quien un día ha hecho algo terrible puede volver a hacerlo. Una cosa es perdonarle, incorporarle a la sociedad, darle nuevas oportunidades y otra cosa es dejar de estar alerta, cuidar para que no vuelva a repetirse el pasado.
Sigue escribiendo, sigue sembrando, nunca sabrás dónde florecerán las palabras, pero seguro que lo hacen en algún sitio.
Saludos.
Pontemar.
Según tus palabras si yo cometo una ofensa el ofendido estaría"siempre en guardia conmigo", no sea que lo vuelva a repetir.
¿No te parece que eso es desconfiar del otro?, ¿qué realmente no ha habido perdón, y que mira con recelo , ¡por si acaso!?.
Pienso que quien vive así, no encuentra paz.Y nadie, estamos exentos de ser ofensores y ofendidos.
Gracias por tú ánimo para seguir sembrando.
Besos
CARIÑOS!