¿Os habéis fijado en los caretos que lleva la gente por la calle?. Parece que están constantemente de luto..., serios , con cara de pocos amigos, como peleados con el mundo.
Esto se hace aún más patente en el centro de trabajo. Hay compañeros que se traen su mal humor, alardean de él y hacen participe al resto de compañeros que no tienen culpa de su malestar.
Mi hija es muy consciente del efecto que causa cuando está "mustia" en casa, o cuando su carácter se muestra alegre y positivo, el ambiente que crea es totalmente distinto.
No digo que la vida sea un camino de rosas; cierto es que tenemos problemas, y algunos gordos. Pero es mucho mejor afrontarlos con otro talante; posiblemente no los resolvamos, pero doy fe de que los llevaremos muchísimo mejor.
La alegría contagia alegría y las penas son menos penas; un ejemplo, situaciones de enfermedad complicadas se hacen más llevaderas con sentido del humor.
No quiero que nadie se confunda: tener buen humor no significa reírse por todo, con risa tonta y continuada, ni hacer mofa de lo doloroso; tener sentido del humor significa tener una actitud alegre ante la vida, y que ello se refleje en la cara con la mejor arma que tenemos: la sonrisa.
Tener buen humor relativiza las cosas, hace que seamos menos suspicaces, y biológicamente está demostrado que segregamos endorfinas y serotonina, hormonas que contribuyen a que nuestro estado de salud y nuestro ánimo se encuentre alto.
Leo en alguno de los email que me mandan que para mantenerse joven hay que reír mucho, conservar sólo los amigos divertidos (los depresivos tiran para abajo, dice), y si se tiene algún/ algunos amigos que le hacen reír a uno, pasar mucho, mucho tiempo con ellos.
Hacer y que te hagan reír es el mejor alimento para el alma.
Un clima doméstico alegre, bromista, simpático, hace que la convivencia sea deliciosa. Lo contrario es amargar y amargarse la vida. Se pueden tener momentos bajos, de disgusto o malestar, pero que nunca nos lleguen a cambiar el carácter; no controlar estos hábitos conducen a crear personas con mal genio que resultan desagradables para los demás.
Me siento atraída por personas con rostro alegre. Hace algunos meses conocí a una religiosa cuya cara me impactó: ¡pedazo de sonrisa!. He coincidido con ella hará un par de semanas; no digo su nombre por si acaso se molesta, pero leerá este escrito y se reconocerá.
Yo la llamo "Sor Sonrisa". En su tarea diaria, servir, parece que nada ni nadie la incordia; desprende luz, paz y dan ganas de permanecer a su lado.
Hacen falta muchas Sor Sonrisas. ¿Dónde están esas vocaciones a la alegría y al buen humor? .
En casa tenemos una máxima, no es una norma impuesta, nos sale de natural; nos levantamos siempre tarareando alguna canción y nos hacemos bromas en el desayuno. Es una buena manera de empezar el día porque se sale contenta de casa y con actitud positiva para afrontar la jornada.
Como dice una postalita que he encontrado mientras quitaba el polvo: "Si descubres alguna maravilla es para comunicarla y ofrecerla".
Pues eso, que comparto con vosotros nuestra máxima..., ¡da excelentes resultados!.
Esto se hace aún más patente en el centro de trabajo. Hay compañeros que se traen su mal humor, alardean de él y hacen participe al resto de compañeros que no tienen culpa de su malestar.
Mi hija es muy consciente del efecto que causa cuando está "mustia" en casa, o cuando su carácter se muestra alegre y positivo, el ambiente que crea es totalmente distinto.
No digo que la vida sea un camino de rosas; cierto es que tenemos problemas, y algunos gordos. Pero es mucho mejor afrontarlos con otro talante; posiblemente no los resolvamos, pero doy fe de que los llevaremos muchísimo mejor.
La alegría contagia alegría y las penas son menos penas; un ejemplo, situaciones de enfermedad complicadas se hacen más llevaderas con sentido del humor.
No quiero que nadie se confunda: tener buen humor no significa reírse por todo, con risa tonta y continuada, ni hacer mofa de lo doloroso; tener sentido del humor significa tener una actitud alegre ante la vida, y que ello se refleje en la cara con la mejor arma que tenemos: la sonrisa.
Tener buen humor relativiza las cosas, hace que seamos menos suspicaces, y biológicamente está demostrado que segregamos endorfinas y serotonina, hormonas que contribuyen a que nuestro estado de salud y nuestro ánimo se encuentre alto.
Leo en alguno de los email que me mandan que para mantenerse joven hay que reír mucho, conservar sólo los amigos divertidos (los depresivos tiran para abajo, dice), y si se tiene algún/ algunos amigos que le hacen reír a uno, pasar mucho, mucho tiempo con ellos.
Hacer y que te hagan reír es el mejor alimento para el alma.
Un clima doméstico alegre, bromista, simpático, hace que la convivencia sea deliciosa. Lo contrario es amargar y amargarse la vida. Se pueden tener momentos bajos, de disgusto o malestar, pero que nunca nos lleguen a cambiar el carácter; no controlar estos hábitos conducen a crear personas con mal genio que resultan desagradables para los demás.
Me siento atraída por personas con rostro alegre. Hace algunos meses conocí a una religiosa cuya cara me impactó: ¡pedazo de sonrisa!. He coincidido con ella hará un par de semanas; no digo su nombre por si acaso se molesta, pero leerá este escrito y se reconocerá.
Yo la llamo "Sor Sonrisa". En su tarea diaria, servir, parece que nada ni nadie la incordia; desprende luz, paz y dan ganas de permanecer a su lado.
Hacen falta muchas Sor Sonrisas. ¿Dónde están esas vocaciones a la alegría y al buen humor? .
En casa tenemos una máxima, no es una norma impuesta, nos sale de natural; nos levantamos siempre tarareando alguna canción y nos hacemos bromas en el desayuno. Es una buena manera de empezar el día porque se sale contenta de casa y con actitud positiva para afrontar la jornada.
Como dice una postalita que he encontrado mientras quitaba el polvo: "Si descubres alguna maravilla es para comunicarla y ofrecerla".
Pues eso, que comparto con vosotros nuestra máxima..., ¡da excelentes resultados!.
Comentarios
Conozco a personas con vidas que objetivamente se ven dolorosísimas y que no pierden el buen humor.