Ahora, que por desgracia, sólo se oyen voces de desaprobación y denuncia contra algunos miembros del sexo masculino porque ejercen la agresividad, la violencia sin limite, el mal comportamiento y la mala educación; quiero romper una lanza a favor de los varones, hay muchos que no se comportan así.
Yo tengo la suerte de tener a mi lado a un hombre marvilloso. Nos conocimos muy jóvenes, estudiantes en la universidad, y además de las materias que se impartían en la facultad de Derecho, aprendimos también las materias de ir compartiendo vida, poco a poco.
El noviazgo fue largo e intenso en vivencias; en nuestros interminables paseos hablábamos sin parar. Bueno, hablaba sin parar. Yo, por aquel entonces, era callada; ¡quién me ha visto y quién me ve!.
Cambiábamos el mundo, hacíamos planes, nos llenábamos de ilusiones. Asentábamos, sin ser muy conscientes, los pilares de una posterior convivencia sólida.
La confianza se fue gestando a partir de una amistad sincera y honesta, un "compañerismo" que transcendía más allá de la pura relación sentimental.
Me hacía reír (aún lo hace) con su sentido del humor inteligente, ocurrente y disparatado.
Siempre hemos valorado mucho los detalles y, sobre todo, el respeto y la educación mutua no han faltado nunca.
Hemos pasado muchas cosas juntos, me ha ayudado en mil y una ocasiones a ver más allá de mis narices, a impulsarme como mujer, a desarrollar potencialidades en mi que, francamente, desconocía tener. Siempre me apoya.
Cuando la vida me ha dado reveses, él ha estado a mi lado, y no sólo acompañando, sino también actuando en momentos complicados.
Recuerdo con inmensa ternura el nacimiento de nuestra hija, donde tuve problemas de salud; él se "apostó" al lado de mi cama y hacía de enfermero y, aún sin saber mucho del tema, me hacía curas, me lavaba y me velaba en los ocho días y sus correspondientes noches que duró mi ingreso hospitalario.
Por no hablar de la entrega hacia su suegro en sus últimos momentos de vida, que sinceramente, fue digna de admiración.
Siento que me quiere como nadie me ha querido, no sé si estaré a la altura de tanto amor incondicional.
Mi compañero de vida, mi marido, se llama Pedro, este lunes 29 de junio, es su santo: eh aquí mi homenaje, mi pequeño regalo.
Gracias por ser así, gracias por estar a mi lado, gracias por ayudarme a crecer...y sobre todo, gracias por aceptarme tal y como soy.
Te amo.
Yo tengo la suerte de tener a mi lado a un hombre marvilloso. Nos conocimos muy jóvenes, estudiantes en la universidad, y además de las materias que se impartían en la facultad de Derecho, aprendimos también las materias de ir compartiendo vida, poco a poco.
El noviazgo fue largo e intenso en vivencias; en nuestros interminables paseos hablábamos sin parar. Bueno, hablaba sin parar. Yo, por aquel entonces, era callada; ¡quién me ha visto y quién me ve!.
Cambiábamos el mundo, hacíamos planes, nos llenábamos de ilusiones. Asentábamos, sin ser muy conscientes, los pilares de una posterior convivencia sólida.
La confianza se fue gestando a partir de una amistad sincera y honesta, un "compañerismo" que transcendía más allá de la pura relación sentimental.
Me hacía reír (aún lo hace) con su sentido del humor inteligente, ocurrente y disparatado.
Siempre hemos valorado mucho los detalles y, sobre todo, el respeto y la educación mutua no han faltado nunca.
Hemos pasado muchas cosas juntos, me ha ayudado en mil y una ocasiones a ver más allá de mis narices, a impulsarme como mujer, a desarrollar potencialidades en mi que, francamente, desconocía tener. Siempre me apoya.
Cuando la vida me ha dado reveses, él ha estado a mi lado, y no sólo acompañando, sino también actuando en momentos complicados.
Recuerdo con inmensa ternura el nacimiento de nuestra hija, donde tuve problemas de salud; él se "apostó" al lado de mi cama y hacía de enfermero y, aún sin saber mucho del tema, me hacía curas, me lavaba y me velaba en los ocho días y sus correspondientes noches que duró mi ingreso hospitalario.
Por no hablar de la entrega hacia su suegro en sus últimos momentos de vida, que sinceramente, fue digna de admiración.
Siento que me quiere como nadie me ha querido, no sé si estaré a la altura de tanto amor incondicional.
Mi compañero de vida, mi marido, se llama Pedro, este lunes 29 de junio, es su santo: eh aquí mi homenaje, mi pequeño regalo.
Gracias por ser así, gracias por estar a mi lado, gracias por ayudarme a crecer...y sobre todo, gracias por aceptarme tal y como soy.
Te amo.
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