Así titulaba un artículo un diario dominical la semana pasada... ¡Afortunadamente!, pienso yo.
De hecho, a mi me resultan desagradables los comportamientos de algunas personas; ¡ojo! digo los comportamientos, no las personas en si mismas. Me parece un sentimiento de lo más normal: yo no puedo caerle bien a todo el mundo, ni todo el mundo tiene por que caerme bien a mi...
De lo contrario, estaríamos creados en serie, criaturas autómatas, seres sin diferencias..., pero afortunadamente, ya lo he dicho, no es así.
El problema viene porque nos empeñamos en lo contrario, es decir, sólo nos sentimos bien cuando notamos que "caemos bien".
Es difícil vivir pensando constantemente en el qué dirán, estar sometido bajo el foco de las acciones u opiniones ajenas.
Traigo aquí el anuncio publicitario en TV, de un utilitario de hace algún tiempo, donde un hombre hacía aerobic con un montón de mujeres y el monitor le miraba con mucha extrañeza, el anuncio decía: "A cierta edad, ya da igual lo que piensen de uno."
Curioso slogan; pues sí, llegar a que no nos afecten ni los aplausos ni las piedras, a" gustarnos", pese a quien pese, requiere aprendizaje, arte y madurez que se consigue con tiempo.
Someternos a la "criba ajena" implica paralizarnos, no avanzar e incluso desconfiar de nuestra propia actuación.Y estoy francamente de acuerdo con lo que dice el artículo: hagamos lo que hagamos, siempre habrá alguien a quien no le guste.
Pienso en figuras deportivas como Rafa Nadal, hombre sensato, triunfador, humilde... ¿seguro que es apreciado por todo el mundo?..., o Zidane, nombrado el mejor futbolista del mundo, ¿creeís que después de áquel famoso cabezazo bajó mucho su autoestima?. Me parece a mi que ellos siguen siendo fieles a si mismos.
Errores, los cometemos todos, y pasiones..., también las levantamos todos.
Una amiga me comentaba cómo le achacan que cuente demasiado "sus cosas". -No debes hacer eso- le increpan:-¡ qué van a pensar!-. A lo que ella les contesta: "lo mismo ayudo a alguien con mi experiencia de vida, y los que se escandalicen, pues...peor para ellos".
Partamos de nuestras diferencias, nuestras formas de ser y el momento en cada uno le toca vivir las cosas.
Ya lo he dicho en algún escrito anterior: cada ser humano vive un ritmo, un compás que no tiene por qué coincidir con el mio aunque experimentemos las mismas vivencias al mismo tiempo y en el mismo lugar. Con lo cual puede ocurrir que lo que yo haga, diga o piense, no coincida para nada con lo que hace, dice o piensa otra persona.
Entonces, ¿qué hacemos para relacionarnos con los demás y no ser egocentristas o individualistas y, sobre todo, dejar de pensar, en las críticas, en lo que los demás piensan sin dejar de ser nosotros mismos?.
Lo primero dejar de creernos personas encantadoras para el resto de la humanidad. No somos esas personas tan maravillosas que están a todo y por todos; hay que decirse y sobre todo creerse que tenemos limitaciones, ser conscientes de que somos seres inteligentes cargados de defectos, y que todos, a todos nos pasan las mismas cosas.
Lo segundo, confiar, creer en uno mismo, en sus propios valores, y defender sus ideas por encima del que dirán .
Más claro, salir de la mediocridad. Esto puede generar algún que otro "enemigo". Salirse de lo "normal" no es muy aceptado, y aún peor, puede ser que seamos la diana de las críticas más despiadadas, y los desprecios más absurdos..., no pasa nada, seremos fieles a nosotros mismos.
Dice el artículo periodístico que relativizar y filtrar las opiniones de los demás es la mejor receta para matizar los efectos que los juicios de los otros tienen sobre nuestra autoestima.Totalmente de acuerdo.
Se dice que los demás hacen de espejos que nos proyectan , pero hay que tener cuidado y medir en el "cristal" que cada uno se mira, puede que se encuentre biselado.
Hablo arriba de personajes deportivos,y cómo no citar aquí al personaje por excelencia, Jesús de Nazaret. Sólo hay que repasar un poquitín su vida para darse cuenta lo mucho que realmente le importaba el qué dirán. No es que cayera muy simpático la verdad; tuvo más detractores que amigos, hasta éstos incluso le dejaron solo al final. Sin embargo, tuvo confianza y fuerza en que lo que hacía lo hacía porque creía en ello.
Hace algunos días le cometaba a un amigo que a estas alturas de la película no me afectaba en absoluto lo que opinaran de mi los demás, salvo mi madre, creo que le contesté, pero realmente tampoco; ella, como la madre de Jesús, me imagino que piensa para sí: "esta hija mía en que líos se mete", pero me quiere y me acepta tal y como soy.
Muchas veces esperamos "señales del más allá" para seguir camino y no nos damos cuenta que las señales las llevamos dentro.
Escucho una canción del grupo Efecto Mariposa que se llama El Mundo, canción que tiene ya unos añitos, dice:" gira el mundo gira...no se ha parado ni un momento, la noche muere y llega el día y ese día vendrá.
Con aprobaciones externas o sin ellas.
De hecho, a mi me resultan desagradables los comportamientos de algunas personas; ¡ojo! digo los comportamientos, no las personas en si mismas. Me parece un sentimiento de lo más normal: yo no puedo caerle bien a todo el mundo, ni todo el mundo tiene por que caerme bien a mi...
De lo contrario, estaríamos creados en serie, criaturas autómatas, seres sin diferencias..., pero afortunadamente, ya lo he dicho, no es así.
El problema viene porque nos empeñamos en lo contrario, es decir, sólo nos sentimos bien cuando notamos que "caemos bien".
Es difícil vivir pensando constantemente en el qué dirán, estar sometido bajo el foco de las acciones u opiniones ajenas.
Traigo aquí el anuncio publicitario en TV, de un utilitario de hace algún tiempo, donde un hombre hacía aerobic con un montón de mujeres y el monitor le miraba con mucha extrañeza, el anuncio decía: "A cierta edad, ya da igual lo que piensen de uno."
Curioso slogan; pues sí, llegar a que no nos afecten ni los aplausos ni las piedras, a" gustarnos", pese a quien pese, requiere aprendizaje, arte y madurez que se consigue con tiempo.
Someternos a la "criba ajena" implica paralizarnos, no avanzar e incluso desconfiar de nuestra propia actuación.Y estoy francamente de acuerdo con lo que dice el artículo: hagamos lo que hagamos, siempre habrá alguien a quien no le guste.
Pienso en figuras deportivas como Rafa Nadal, hombre sensato, triunfador, humilde... ¿seguro que es apreciado por todo el mundo?..., o Zidane, nombrado el mejor futbolista del mundo, ¿creeís que después de áquel famoso cabezazo bajó mucho su autoestima?. Me parece a mi que ellos siguen siendo fieles a si mismos.
Errores, los cometemos todos, y pasiones..., también las levantamos todos.
Una amiga me comentaba cómo le achacan que cuente demasiado "sus cosas". -No debes hacer eso- le increpan:-¡ qué van a pensar!-. A lo que ella les contesta: "lo mismo ayudo a alguien con mi experiencia de vida, y los que se escandalicen, pues...peor para ellos".
Partamos de nuestras diferencias, nuestras formas de ser y el momento en cada uno le toca vivir las cosas.
Ya lo he dicho en algún escrito anterior: cada ser humano vive un ritmo, un compás que no tiene por qué coincidir con el mio aunque experimentemos las mismas vivencias al mismo tiempo y en el mismo lugar. Con lo cual puede ocurrir que lo que yo haga, diga o piense, no coincida para nada con lo que hace, dice o piensa otra persona.
Entonces, ¿qué hacemos para relacionarnos con los demás y no ser egocentristas o individualistas y, sobre todo, dejar de pensar, en las críticas, en lo que los demás piensan sin dejar de ser nosotros mismos?.
Lo primero dejar de creernos personas encantadoras para el resto de la humanidad. No somos esas personas tan maravillosas que están a todo y por todos; hay que decirse y sobre todo creerse que tenemos limitaciones, ser conscientes de que somos seres inteligentes cargados de defectos, y que todos, a todos nos pasan las mismas cosas.
Lo segundo, confiar, creer en uno mismo, en sus propios valores, y defender sus ideas por encima del que dirán .
Más claro, salir de la mediocridad. Esto puede generar algún que otro "enemigo". Salirse de lo "normal" no es muy aceptado, y aún peor, puede ser que seamos la diana de las críticas más despiadadas, y los desprecios más absurdos..., no pasa nada, seremos fieles a nosotros mismos.
Dice el artículo periodístico que relativizar y filtrar las opiniones de los demás es la mejor receta para matizar los efectos que los juicios de los otros tienen sobre nuestra autoestima.Totalmente de acuerdo.
Se dice que los demás hacen de espejos que nos proyectan , pero hay que tener cuidado y medir en el "cristal" que cada uno se mira, puede que se encuentre biselado.
Hablo arriba de personajes deportivos,y cómo no citar aquí al personaje por excelencia, Jesús de Nazaret. Sólo hay que repasar un poquitín su vida para darse cuenta lo mucho que realmente le importaba el qué dirán. No es que cayera muy simpático la verdad; tuvo más detractores que amigos, hasta éstos incluso le dejaron solo al final. Sin embargo, tuvo confianza y fuerza en que lo que hacía lo hacía porque creía en ello.
Hace algunos días le cometaba a un amigo que a estas alturas de la película no me afectaba en absoluto lo que opinaran de mi los demás, salvo mi madre, creo que le contesté, pero realmente tampoco; ella, como la madre de Jesús, me imagino que piensa para sí: "esta hija mía en que líos se mete", pero me quiere y me acepta tal y como soy.
Muchas veces esperamos "señales del más allá" para seguir camino y no nos damos cuenta que las señales las llevamos dentro.
Escucho una canción del grupo Efecto Mariposa que se llama El Mundo, canción que tiene ya unos añitos, dice:" gira el mundo gira...no se ha parado ni un momento, la noche muere y llega el día y ese día vendrá.
Con aprobaciones externas o sin ellas.
Comentarios
¡Cuánta verdad!